1. Que el objetivo de la lectura sea la comprensión. Centrémonos en eso, démonos tiempo para ello y admitamos los errores que todos cometemos (también los maestros y maestras y hasta el profesorado de Lengua y Literatura) en la dicción. No está mal trabucarse o silabear cuando se desconoce el significado de una palabra, y a menudo es recomendable leer despacio si se quiere comprender mejor.
2. Que el objetivo de la escritura sea la expresión y no la corrección ortográfica o gramatical, que, aunque sean necesarias, deben estar subordinadas a que los demás puedan comprender lo que queremos decir. Enseñemos a comunicar y lo demás se dará por añadidura.
3. Que la lectura y la escritura en las aulas se doten de sentido, que se hagan para algo. Leamos para buscar información, para comprender cómo se hace un avión de papel, para enterarnos de lo que pasa, para entretenernos, para orientarnos, pero que nunca, nunca, leamos sólo para leer. Y escribamos blogs, correos, guiones de cine, notas, solicitudes, reclamaciones, poemas, cuentos, avisos, noticias, y siempre de verdad o en una ficción acordada con nuestro alumnado.

4. Que se lea muuuuuuuuucho en clase. Para muchos de nuestros alumnos y alumnas es el único lugar en el que lo pueden hacer todos los días.
5. Que se comparta la construcción de sentido. El aprendizaje se hace con los otros, en las interacciones con los demás. Hagamos de la comprensión lectora una actividad interactiva, hablemos y discutamos sobre lo leído aceptando todas las versiones si están debidamente argumentadas. Y enseñemos a argumentar sobre lo leído, a hacer lectura crítica.

6. Que se escriba muuuuucho en clase. Escribir y leer son los instrumentos con los que realizamos el aprendizaje y a menudo los damos por supuesto, pero es necesario instruir en las estrategias necesarias para hacerlo de forma eficaz.
7. Que dejen de existir las lecturas de libros obligatorios fuera del aula con examen o trabajo para certificar que fueron leídos, por favor.

8. Que el aprendizaje de la morfología y la sintaxis se supediten al aprendizaje de la comprensión lectora y de la expresión escrita. Aquí tiene mucho quehacer el profesorado de Lengua y Literatura que, aunque es consciente de que ni el aprendizaje de la gramática ni el de las reglas ortográficas, mejora la expresión escrita ni la corrección ortográfica, sigue dedicando un tiempo desmedido a la enseñanza de las mismas.
9. Que las rígidas programaciones y los libros de texto no nos impidan ver el bosque: lo importante es guiar a nuestro alumnado para que aprenda a comunicarse en distintas situaciones y con distintas finalidades.
10. Que todos los docentes «actuemos» como si la enseñanza de la lectura y la escritura nos incumbiera a todos y dejemos de quejarnos de lo mal que lee y escribe nuestro alumnado.














