LA EVALUACIÓN DE LA TAREA DOCENTE

 
 
 
 
 
 
En mi centro, andan mis compañeros y compañeras alterados ante la próxima visita del equipo de inspección que debe realizar una evaluación de la tarea docente .
Todo este revuelo e inquietud, este preparar “papeles” para mostrar que “cumples” y que no cuestionen tu profesionalidad, este andar preocupados por mostrar lo que nos piden aunque nos parezca inútil o absurdo, da mucho que pensar acerca de la concepción de la evaluación de la tarea docente, y de la evaluación en general, que tenemos entre el profesorado.
Para empezar creo que no existe en los centros una idea clara ni de la necesidad, ni de la utilidad de la evaluación del proceso educativo.No existe un concepto de “evaluación” si no es ligado a la idea de medición de los aprendizajes ( a veces sólo de los conocimientos) que el alumnado ha alcanzado al término de un periodo determinado. En el resto de las ocasiones en las que en los centros se habla de evaluación (evaluación del Plan  de Centro, de un proyecto, de una actividad formativa, la memoria de autoevaluación, etc.) no está nada claro qué es lo que se pretende con ello más allá de completar el formulario o la memoria reglamentaria al efecto.
 
La sensación predominante ante las evaluaciones que realiza la inspección es la de que vienen a “juzgarnos”, a poner en evidencia nuestras carencias, a “pillarnos”  en lo que no hacemos o hacemos mal para castigarnos después. Claro que esto no es más que la reproducción a otro nivel de la evaluación que se aplica a veces al alumnado y que no es más que una mala praxis, que permanece en nuestro subconsciente de alumnado de otro tiempo.
 
Llevo, pues, semanas luchando contra esta marea de comentarios, sensaciones y nervios antes del “examen”. Lucho con todas mis fuerzas porque creo que no hay nada más desprofesionalizador que esto, y ya va siendo hora de que el profesorado reivindique su profesionalidad, su conocimiento de sus tareas, su formación, su interés por la mejora, su capacidad de tomar iniciativa y de buscar soluciones propias que, en toda evaluación que se precie, deben ser tenidas en cuenta.
 
Desde aquí, quiero animar a llevar a cabo una evaluación de la tarea docente, (y del alumnado, por supuesto), que vaya siempre encaminada a la mejora,  y que sea una evaluación compartida entre quien evalúa y quien es evaluado, una evaluación planificada y organizada en la que todos conocen lo que se va  a evaluar y los criterios de evaluación. Y animar al profesorado a sentirse competente en la misma, parte que crea, que aporta, que construye con otros, y no un sujeto pasivo.
 
  Si aprendemos a entenderla así, la evaluación se convertirá en un pilar fundamental en el funcionamiento de los centros. Y en la creación de conocimiento en, y sobre, los mismos . Y dejaremos, por fin, de tomar decisiones basándonos en impresiones, opiniones o percepciones, ya sean individuales o compartidas con algunos, para fundar nuestras decisiones en análisis claros y precisos, planificados y consensuados en la comunidad educativa, que pongan de manifiesto si hemos conseguido lo que nos proponíamos con nuestro trabajo, si lo hemos conseguido con los medios adecuados, y qué alternativas ofrece la investigación y la práctica profesional de otros para alcanzar nuestros propósitos. Ese tipo de procesos evaluadores formarán entonces parte de la práctica profesional de los docentes de forma natural. Y yo me sentiré orgullosa de dedicarme a esta profesión que tanto amo. 
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3 respuestas a LA EVALUACIÓN DE LA TAREA DOCENTE

  1. José Luis dijo:

    No se puede decir más claro Carmen. Coincido plenamente con tu apreciación acerca de la no cultura evaluadoadora, que en nuestro caso está absolutamente viciada (desde nuestra evaluación al alumnado hasta las evaluaciones externas).
    Debemos en este apartado romper con todo lo adquirido hasta la fecha e iniciar un nuevo camino.
    José Luis Sánchez (Cullarense de oficio)

  2. Manuel Gutierrez Castillo dijo:

    A veces nos metemos en la vorágine evaluadora y no sabemos ni lo que estamos haciendo… Queda claro que no debemos perder de vista qué perseguimos con cada evaluación que realizamos.
    Un saludo, Manolo.

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